martes, 8 de febrero de 2011

Que pasa cuando eres hombre lobo, y encima acróbata ...

Danny Ramoz Gómez, el hombre lobo que vive en una remota aldea de México, padece hipertricosis, una rara enfermedad hereditaria que cubre todo el cuerpo de pelo. “A los cuatro años, delante de un espejo, me pregunté: ¿qué pasa con mi cara? Y mi madre me explicó: ‘Eres así’. En la familia no se sorprendieron”. Hipertricosis congénita generalizada. Una anomalía que salta de cinco en cinco generaciones. En el rostro de las mujeres se manifiesta como un ligero manto de pelos. En el de los hombres, pelos espesos por todo el cuerpo, salvo en los pies y en las manos. Los herederos peludos de la familia son hoy Danny, Larry –tres años mayor– y un viejo tío materno. Son tres casos procedentes del México profundo de una cincuentena que se han dado en la región en tres siglos.
1057331780Los dos hermanos han viajado a numerosos países, hasta a Japón, en busca de una respuesta a su anomalía, pero nunca descubrieron con certeza ni la causa ni el tratamiento. “Quizás sea una mutación vinculada a una enfermedad extremadamente rara, la licantropía. Se trata de un síndrome que cubre por completo el cuerpo de pelo”, les dijo un médico asiático. El vello de Danny apareció antes de la pubertad y no ha cesado de crecer. El día i5 de cada mes va al peluquero para cortar el manto que cubre su rostro.

FUERZA Y TERNURA.

Mi hombre lobo no es hablador. Es más bien tímido y dulce. De talla media, pero dotado de una fuerza descomunal. “Tres veces más fuerte que cualquiera”, dice Mundo. “Con una agudeza visual extraordinaria. Nunca estuvo enfermo. Es una auténtica fuerza de la naturaleza”.
Danny nació el 28 de marzo de 1981 en Zacatecas. Su familia era modesta. Los dos hermanos y sus dos hermanas, Dulce y Mariel, fueron criados por la abuela materna en la aldea de Loreto, en el norte de México. “Cuando mi madre se fue, yo tenía seis años. No se lo reprocho. He vuelto a verla alguna vez. Nos llamamos. Vive en Dallas”.
Un día, Roberto y su pequeño circo se instalaron en la aldea de la familia Ramoz. “Fue una casualidad”, explica Mundo, “porque esa parada no estaba prevista”. La abuela llevó a los dos hermanos a ver al hombre cañón, disfrazado de Supermán. “La indumentaria es muy importante en el espectáculo”, dice ahora Danny. Entonces, en su primera visita al circo, él tenía cinco años, y Larry, ocho. “Quería hacer lo mismo”. Y se dedicó a saltar en el trampolín, mientras la abuela y el director negociaban la incorporación al circo de los dos hermanos. Al principio, ella les acompañaba con las hermanas pequeñas. “Durante dos años, vivimos todos juntos en un remolque. Se volvieron a casa cuando Roberto propuso adoptarnos oficialmente”.
No fui a la escuela”, explica Danny. “Y eso que lo intenté varias veces”. Él mismo reconoce ser indisciplinado. Un día, se escapó por la ventana. El Mundo le enseñó todo lo que sabe: “Que nada ni nadie puede impedirte ser lo que tú quieras ser”. Danny suplantó al hombre cañón disfrazado de Supermán. Larry se fue a vivir a Edmonton (Canadá), hace dos años. Se casó y tiene una bonita hija. Se vuelve a encontrar con su hermano cuando el circo pasa por Canadá y, entonces, cambia su nombre por el de Mexican National Circus.

UNA FAMILIA

Al contrario que su hermano, Danny no tiene prisa en casarse. “No descarto tener un hijo, sin temor a que esté o no esté cubierto de pelos. Lo más grave sería tener un hijo perezoso”. Por nada del mundo se cortaría el pelo. “Aunque existiese un remedio para hacerlo desaparecer no lo tomaría. Sería como cambiar de identidad. Nunca me lo he cortado. Larry lo hizo una vez. Quería ver los rasgos de su cara. Pero después tenía frío. Me encanta ser como soy, diferente. Quizás no sea mejor, pero no soy como los demás”. 
Soy yo el que elijo a quién quiero acercarme. Soy consciente de que es imposible no sentir curiosidad ante mí. Cualquier contacto, cualquier relación comienza por ahí. Algunos pasan, otros permanecen boquiabiertos y otros escapan. Cada actitud corresponde a una determinada mentalidad. Es una suerte saber, de entrada, ante quién estás”.
Según la leyenda, sólo las balas de plata pueden matar al hombre lobo. El olvido y el anonimato matarían a Danny. “Sin los aplausos del circo Danny moriría”, reconoce con una gran sonrisa.

Fuente: elmundo.es

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